¡Hola! Soy Rafael Gil García.
Como muchos de vosotros, dediqué mis primeros años de carrera a formarme en diferentes empresas del sector, pero siempre tuve la sensación de que yo no pertenecía a ese mundo. Y eso es duro, porque cuando estás ahí metido parece que no existan más opciones.
No sé qué será el éxito para ti, pero intuyo que dedicarte a algo que te guste y que tiene un impacto tangible en los demás no debe ser una mala definición. Yo descubrí que podía hacerlo a través de la arquitectura en Uganda, una tierra que me atrapó desde el primer día y de la que sigo enamorado.
Trabajo para entidades sociales, dirigiendo sus proyectos de construcción y ofreciéndoles un retorno claro de la inversión. Si tienes una ONG o has trabajado con proyectos así, sabrás que el drama en las obras está asegurado. Y que eso cuesta mucho dinero.
Mi trabajo en Uganda
Gracias a Bosco, Uganda se ha convertido en mi segunda casa, un lugar donde hemos construido escuelas, casas de acogida y orfanatos para bebés. Sin él, todo sería mucho más complicado, por eso nos cuidamos y apoyamos al máximo.
Si hay algo que me hace realmente feliz es la sensación de estar abriendo camino en el ámbito de la arquitectura asociada a la cooperación en África. Y esta es la razón por la que me parece fundamental demostrar que se puede combinar el rigor profesional con el compromiso humano, demostrando que trabajar con vocación y propósito es posible.
Valores, propósito y misión
Una entrevista sobre arquitectura y vida
Aunque mi documental “Todo por hacer” se ha convertido en mi principal carta de presentación, esta entrevista en el podcast de Alzados y Caídos de Marta Soler, me ha dado el espacio necesario para abordar en profundidad los temas que realmente me interesan. Una conversación sobre éxitos, fracasos y la continua búsqueda de propósito; es decir, sobre la vida misma.